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DOJO INSIGHTS 40

Estudios / EquipoPublishing Strategy

El crack tóxico: qué hacer (y cuánto cuesta) con el talento que envenena al equipo

Tienes a tu mejor persona. Programa como nadie, o dibuja como nadie, o es la cara pública del estudio. Y está pudriendo al equipo: Desprecia a los demás, se salta las normas que todos cumplen, convierte cada reunión en un drama. Llega la pregunta que ningún founder quiere hacerse en voz alta: ¿puedo (y debo) echarle? Resumen por delante: casi siempre debes, casi nunca es barato, y hacerlo mal te sale carísimo.

10 de octubre de 20263 min de lectura
El crack tóxico: qué hacer (y cuánto cuesta) con el talento que envenena al equipo

Empecemos por lo que de verdad cuesta un crack tóxico, porque no es lo que crees. No es su sueldo. Es que una sola persona brillante e insoportable no solo hace su trabajo: baja el del resto, espanta a tus mejores perfiles callados (que se van sin hacer ruido a un sitio donde se respire mejor) y le enseña a todo el equipo una lección venenosa: que las normas son para los mediocres, que al talento se le perdona todo. El coste real de retenerlo se mide en la gente buena que pierdes por su culpa. Y esa factura, a diferencia de su nómina, no la ves hasta que es tarde.

Ahora la realidad legal en España, que conviene conocer antes de mover ficha (y con la advertencia de siempre: esto es información general, no asesoramiento: Siéntate con un laboralista). No puedes echar a alguien solo porque sea "difícil" o porque su rendimiento haya bajado un trimestre. Un despido en regla necesita causa documentada (indisciplina, incumplimientos repetidos) y papeleo que lo respalde. Si lo haces a lo loco, el despido es improcedente, y eso tiene precio tasado: 33 días de salario por año trabajado, con un tope de 24 mensualidades (el Tribunal Supremo ha confirmado que esa cifra es la que es. Ni se infla por la cara, ni hay sorpresas por encima). Traducido: echar por impulso, sin avisos ni rastro escrito, convierte un problema de personas en un cheque de cinco o seis cifras. Avisa, sanciona, documenta, y sigue el proceso.

Pero la lección de fondo, la de DOJO, está más arriba en el tiempo. El crack tóxico casi siempre es un fallo de contratación y de cultura: cambiaste encaje por talento en bruto y te dijiste que ya lo gestionarías sobre la marcha. Y resulta que no se puede gestionar a alguien que cree que las reglas son para los demás. La solución de verdad es no llegar ahí: contratar con una regla innegociable (aquí no entran genios insoportables), poner las expectativas por escrito desde el principio (lo mismo que decíamos de los pactos y los contratos), y actuar pronto cuando aparece el problema. Porque cuanto más tiempo se queda un crack tóxico, más gente buena pierdes y más caro sale, al final, dejarle ir.

▸ Equipo de desarrollo: ¿Estás aguantando a alguien tóxico porque "es demasiado bueno para perderlo"? Cuenta a cuánta gente buena has perdido ya por su culpa. Ese es el precio real, y no aparece en su nómina.

▸ Inversor: ¿Preguntas por la cultura y la rotación de un estudio, o solo por el talento? Un equipo que gira en torno a un crack insustituible y tóxico es un riesgo de continuidad, no un activo.

▸ Profesional: ¿Toleras en un crack comportamientos que no tolerarías en nadie más? Esa excepción es, exactamente, por donde se empieza a pudrir un equipo.